viernes, 3 de diciembre de 2010

EL MENSAJE DE CUPIDO

Una experiencia dolorosa, desgarradora, puede hacer que nos volvamos de hierro. El dolor es la sensación de la cual aprendemos rápidamente, si es que sabemos que tenemos que aprender. El amor muchas veces, es el resultado de un profundo dolor.

Todo es pasajero, la vida es como un río en el que las sensaciones y las experiencias nos vienen a enseñar. Siempre el camino es hacia adelante y hacia arriba. Solo hay momentos de quietud dentro del movimiento, que nos permiten estacionar y enfocarnos en lo que está pasando.

La vida se encarga de demostrarnos que todo es un montón de momentos. Que hay cosas y personas que pasan por nosotros regalándonos momentos de dicha, de enamoramiento.

El aprendizaje más difícil que tuve que atravesar fue el momento de Cupido. Él se encargó de tirar la flecha justo donde él sabe que tiene que ir. Yo no elegí enamorarme, simplemente pasó. Fue tan efímero, tan rápido y furioso, que apenas pude darme cuenta que lo que el amar significa. El amor es sentir que el otro es un todo, independientemente de este todo que soy yo. Aquel hermoso amor que nunca tuve pero del que ambos fuimos recíprocos. Él tenía una misión muy importante y yo tenía que dejarlo ir. Permitirle quedarse hubiera sido egoísta de mi parte, ya que él estaba dispuesto a salvar al mundo, o por lo menos una parte de éste.

Siempre he sentido admiración por las personas sencillas y humildes que tienen gran vocación por hacer el bien. Que dan su vida por el otro.

Fue quizás la experiencia más extraña, desgarradora, quebradiza y amorosa que haya tenido. Me dejó hecho añicos, roto pero entero. Tuve que ser muy fuerte y tener muchos cojones para dejarlo ir.

La vida siempre te da. Y hay que ser receptivo. Y así como la vida te da, también te quita. Y hay que estar listo para dejar partir. No siempre que nos enamoramos es de la misma manera. Cada persona trae a la relación su propia forma. El trabajo de ambos es tal vez ensamblar esas formas.

Y mi laburo, el de redescubrir mis maneras de amar-amándome-amando al otro.

lunes, 22 de noviembre de 2010

DAR ES DAR

Acabo de ver la película “Cadena de favores.” Es muy emotiva y deja una enseñanza de amor incondicional muy valorable.
Si cada uno de nosotros tuviera aunque sea la buena intención de hacer algo de valor, el planeta lo agradecería. Estamos llegando a una etapa en la que hay que elegir entre la vida y la muerte . Aunque la muerte nunca es una elección,(o sí, pero ese es otro tema) es más bien el paso a otras dimensiones de vida, según lo veo yo.
Si tomáramos esta escuela lúdica y a veces no tanto, que son la vida, el tiempo, la verdad veríamos qué valioso es el dar la vida. Y dar la vida por otro no significa morir. Simplemente ponerle la cara al viento y que él nos sacuda hasta el hartazgo.
La fortaleza juega un papel muy importante en esta escuela del vivir. Yo estoy seguro de que cada uno de los seres de esta tierra llega con tantas herramientas, muchas más de las que imaginamos. Una de ellas es la fortaleza. Nunca vamos a pasar por situaciones en las que no podamos poner el hombro y seguir, puño cerrado y avanzar.
Estamos en tiempos de Dios. Sí, yo creo que estamos atravesando momentos algo complejos en cuanto a las energías que se están moviendo. Como dije antes, todo lo que se intenta tapar sale a la luz en algún momento, tarde o temprano, más allá que lo quieras o no, se abre una puerta y muchas ventanas. Entonces tenemos la esperanza de seguir en este camino. Inhalamos amor, exhalamos angustia. Inhalamos bondad, exhalamos maldad. Y así empieza la cadena de reciclaje.
Lo que intento expresar es que todos somos únicos, conectados por un mismo sol, y a la vez somos herramientas del universo, por nuestros cuerpos atraviesan energías que pueden ser densas o etéreas, según nuestro estado de ánimo. Pero cuanto más respiremos conscientes del amor que ingerimos y la angustia que sacamos, nos volvemos más sabios, más humanos y divinos.
Porque todos somos eso, divinos en una coraza humana. Entonces tenemos el poder de cambiar nuestro propio mundo, y volverlo más amable para nosotros y los que nos rodean. Somos capaces de elegir cómo querer vivir.
A mí la vida me llenó de palabras en el paladar, que son emitidas con el peso de la verdad. El único verso que se repite siempre con diferentes matices es el universo.
Puede que todo esto suene a locura. Pero como dijo el poeta Rodríguez: “hay locuras que son poesía, hay locuras de un raro lugar, hay locuras sin nombre, sin fecha, sin cura, que no vale la pena curar”.
¿Qué hay de verdad y qué hay de verso? Pues pensemos que la verdad es la contrapartida de la mentira. En definitiva las dos pertenecen a la misma moneda. Toda moneda tiene dos caras. El amor es la contrapartida del odio. El Ying y el Yang. No he descubierto nada nuevo. Solo transcribo lo aprendido.
Por otro lado, tanto la luz como la oscuridad son necesarias y podemos amar en equilibrio ambas partes de la verdad. Esto no quiere decir que tengamos que ser malos o buenos, simplemente saber que ambas partes están y son solo “eso.” Sin valor agregado, tanto la luz como la oscuridad son “eso” y de “eso” es de lo que aprendemos día a día. Luego la escala de valores es diferente para cada uno. Y todos tenemos derecho a valorar las cosas según nuestra experiencia.
Yo tuve una escuela, la vida. Sigo aprendiendo. Seguiré eternamente esta carretera y no andaré “al costado del camino”. Siempre que pueda, te daré una mano y si necesitas que ponga el pecho para defenderte, también lo haré.

sábado, 20 de noviembre de 2010

REFLEXIÓN EN GRUPO

En una búsqueda intensiva por la identidad. En una época de terapia, en la que la palabra “patético” se apoderaba de mi mundo. En aquellos días sentía que todo estaba perdido. Que no había gente con un profundo entendimiento de la palabra amor. Que todo pasaba por la superficie.
Fue en ese momento que decidí tomar las riendas y buscar apoyo. Buscar un grupo de pertenencia en el que se me entendiera y, por otro lado, poder deshacerme de los prejuicios y preconceptos que me gobernaban hasta ese momento. Porque, si había algo en lo que no tenía duda, era en que todas esas ideas que se me habían formado en la cabeza, eran simplemente eso, ideas que no se acercaban mucho a la realidad. Ideas que se fueron formando en mí, debido a los diálogos con los pares. Aparecían palabras como “histéricos,” “superficiales,” “pakys.”
Empezaba a sentir que vivía en un gueto en el que éramos discriminados por nosotros mismos. Nos tratábamos con indiferencia. Yo cada vez me alejaba más del colectivo y me acercaba a una soledad en la que podía reflexionar, pero eso no era suficiente. Necesitaba el encuentro con otros pares que pensaran. Simplemente eso y que esos pensamientos nos enriquecieran cambiando la esfera en la cual había caído.
Por suerte caí en Puerta Abierta. Ahí fui bien recibido. El coordinador del grupo de reflexión para varones gay nos protegía, nos contenía y nos daba la libertad de mostrarnos, exponer nuestras formas. Ahí crecí mucho, me sentí querido por mis compañeros y por el coordinador, Alejandro Viedma. Yo me sentía cuidado.
Todos los jueves se traían nuevas formas de hacernos pensar. Siempre teníamos consignas para desarrollar.
Yo creo que cada vez que uno intenta cambiar su mundo, está salvando el mundo que nos rodea. Todo lo que uno trae a la luz, a través de lo positivo, siempre tiene un buen recibimiento en los otros.
En el grupo cambiamos, crecimos, amamos, amigamos, nos reconocimos con mucho valor y veracidad. Yo por lo menos pude liberarme de las ideas de antaño. Y así emergió esta sexualidad que ahora puedo vivir libremente, gracias a poder reestructurar mi mente.
En esto tuvieron mucho que ver los participantes del grupo y el coordinador. Las charlas, los debates, me hacían pensar que algo estaba cambiando en mi mundo. Y cambió de raíz. Ya las personas que conocía eran más auténticas y logré hacer un buen grupo de amigos. Que a esta altura, somos como familia. Por fin la palabra patético desaparecía de mi vocabulario para darle lugar a palabras más amorosas.
Alejandro, te admiro tanto, hacés todo con tanta pasión, con tanto cuidado, con tantos cojones, que es imposible no quererte.

jueves, 18 de noviembre de 2010

EL PRINCIPIO

Y antes de que se creara el mundo, había un Dios. Un Dios caprichoso que nos hizo perfectos. Nosotros, como caprichos de Dios, decidimos de qué modo queremos recibir el regalo de la vida. Y nadie tiene derecho a juzgarnos.
A mi temprana edad de trece años, sentí que algo en mí era diferente. Antes de los trece, también sentía que algo pasaba. Pero a los trece se acrecentó.
Recuerdo una reunión de los chicos de la escuela en la casa de un compañero. El televisor estaba prendido y pasaban imágenes de un concurso de musculación. Sentí una excitación que hasta ese momento me era desconocida. Al ver a los hombres posando con sus cuerpos hipertróficos algo que nunca antes había experimentado sucedió. Mi primera erección. Y en aquel momento solo quería saber dónde esconderme.
Volviendo a los trece… Yo solía pensar que me gustaban los hombres porque Dios quería castigar a mis padres a través de su primogénito. Pero eso es un capítulo aparte.
Empecé a sentirme cada vez más hundido en un estado agobiante. Ya no podía controlar mi ser. Me gustaban los hombres, eso era claro. Y yo me estaba castigando porque en aquel momento y en el ámbito en el que me movía, el colegio, la iglesia por empezar, ya la sexualidad era un tema tabú aunque mi padre me explicó con un librito cómo se hacen los chicos, cómo se fabrican. Pero yo tenía que hablar del tema con alguien. No tuve mejor idea que contárselo primero a mi psicopedagoga de la infancia.
Cuando le conté lo que me pasaba con los hombres, fue tremendo para mí, como si hubiera lanzado una bomba en su escritorio. Yo no recuerdo si ella era de la idea de aceptar lo que me pasaba o de las que pensaba que “hay que curarte de la enfermedad llamada homosexualidad.” Lo que sí recuerdo es que ella me dio la opción de elegir entre dos psicólogos de su confianza.
Fui a ver a los dos. El primero, quien probablemente podría haberme escuchado con mejor razonamiento, lo descarté porque era de los que te escuchan y no emiten palabra.
El segundo, que fue el que me trató durante un tiempo (exactamente no recuerdo cuánto tiempo), era de la escuela del “hay que curarte…”. Y lo elegí a él. ¿Buena o mala decisión? Yo diría que simplemente fue una decisión que hizo que hoy pudiera estar escribiendo esto como una anécdota más. Sí fue dolorosa, angustiante y me llevó a lo hondo, al hoyo del conejo. Pero como soy de la idea de ver el lado positivo, el aprendizaje de esa experiencia, opto por pensar que me ayudó mucho a poder expresarme, recrear situaciones, escribir cuentos. Porque lo que este “profesional” hacía, era darme un walkman y grabar en una cinta lo que se me iba ocurriendo. O sea contar historias que después interpretábamos. Yo cerraba los ojos y viajaba por el mundo de mi inconsciencia, por el de mi inocencia a través de las palabras del aire. La cuestión es que nunca me curé de esta hermosa fábula que denominamos gaytud.
Lo disfruto, me encanta ser distinto y tener diferencias con los otros. Me gusta compartir con mis amigos otros modos de ver la vida. Tengo la suerte de ser amado por todo mi entorno y volviendo a Dios, yo creo que él no hubiese querido que fuera de otro modo.

lunes, 15 de noviembre de 2010

NUEVAS VIDAS

El hombre ha crecido a lo largo de la historia con determinadas normas, mandamientos, mandatos, reglas. Todo eso que algunos intentaron romper, quebrar, o como me gusta decir a mi cambiar, transmutar.
Llegar al corazón, a la llaga. A ese punto en donde sabes que no es real ese mandato que viene de antaño.
El mundo evoluciona y con él, el hombre crece y descubre que no todo era como se nos había enseñado. Que todo pecado no es más que la idea de mantenernos adentro de una cápsula, dicen: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. ¿Y de quién es esa culpa?
Te garantizo que la culpa no existe. Solo en las mentes de los que conspiran con una religión cerrada, opaca. Lejos de toda buena imaginación e intención.
Me gusta pensar que todos tenemos una experiencia diferente y nos sirven diferentes cosas.
Hay quienes tienen miedo a lo diferente. Y sin embargo nadie es igual a nadie. Ninguna familia es la familia Ingalls, ni la familia Adams. Y todas lo son al mismo tiempo.
Cuando yo era chico, éramos muchos los católicos que creíamos en un Dios diferente. Lamentablemente el hombre ha reaccionado con miedo y bajo una mano dictatorial con respecto a lo nuevo. Pero lo nuevo siempre se hace lugar a través del tiempo. O sea que si en un punto de la historia no pudimos transmutar, seguramente lo estamos haciendo ahora. “La verdad” se sabe tarde o temprano, “el cambio” no solo es necesario sino que siempre se da. Siempre vamos creciendo y elevando la vida hacia la cima, por más que a veces caigamos, siempre nos podemos levantar. Pareciera como que no, pero si. Lo que quiero decir es que nada es bueno o malo, simplemente es.
Para poder evolucionar en la materia, hay que saber que la maldad o la bondad son solo connotaciones, opiniones o ideas de diferentes formas de pensar. A mí me gusta pensar que las cosas simplemente son. Y no añadirle el valor de bueno o malo. Sino de aprendizaje. De ver qué hacemos con respecto a esto que nos tocó.
Hay tantas maneras de vivir la vida, que apenas podemos imaginar. Y me encanta conocer gente que descubre nuevas formas familiares. Espacios comunitarios en donde conviven Dios y el Diablo. ¿Esto qué quiere decir?
Que la mezcla de razas, razones, roces, diversidades, multitudes o monoparentalidades, son parte de lo nuevo, de lo que antes no era permitido. Hoy la familia es un lazo tan fuerte que no exige compromiso. Esto está explícito. La gente en general busca el compromiso y al mismo tiempo trata de desligarse de él. Pareciera como que el compromiso te condena a una vida con prohibiciones. Entonces tenemos que crear nuevas ideas. Nuevos modos de afecto que nos permitan ser libres, amar sin espinas, jugarnos en algo nuevo y dejar atrás todo prejuicio.
La falta de prejuicios y el desligamiento de las normas de un movimiento o religión, nos permiten ser distintos, únicos y especiales.
Permitámonos ser del modo que queremos ser. La única regla que hay que seguir es respetar al prójimo y amar al próximo como a uno mismo.

martes, 9 de noviembre de 2010

CARPE DIEM

Descalzo mis pies sobre la alfombra.
Empequeñece mi cuerpo bajo su brazo.
Y me aparto.
Luego me parto:
Una mitad sigue los pasos sigilosos del silencio
Y la otra estalla bajo su almohada.
Lágrimas derramo sobre su anillo dorado
Mientras el café se entibia.


Acá quiero dejar plasmada mi obra. Toda la información que fui recolectando a través del tiempo inhóspito y heterogéneo. Homogéneo y también por que no, de aquellos días felices que hoy vuelven a mí.
En esta vida que me llego como una bendición, en donde me dieron herramientas para herrar, amor para enamorar y fe para erratas, aquí quiero dejar mi cello.
En esta vida que nunca termina, que sigue y que suma, y aunque reste, sigue sumando y multiplicando. Es la vida que Dios escribió con la sangre de un gorrión.
Yo pude interpretar los acontecimientos a través de mí. Yo fui mi propia historia de épocas de histerias y caretas. Subidas y bajadas. Planicies.
Acabo de llegar de la derrota y supongo que pronto veré algo parecido al sol. Porque he estado allí y no me parece que se haya ido. Zeus se encargará de los amaneceres y atardeceres. A Mercurio lo veo solo una vez a la semana y me prometió una pronta recuperación. Pero ¿Qué hay mas allá? Más allá de lo ya conocido. Yo he descubierto un mundo nuevo. El mundo, la tierra no es más que eso. Asfalto .

martes, 26 de octubre de 2010

LOS PIES DESCALSOS

El flujo de la vida, hace que uno se mueva por nuevos caminos, antes, desconocidos. Los que hemos llegado a esta tierra para aprender, (todos), ya sea atreves del dolor, o del amor que despierta el dolor, o por las crisis del amor. Nos vimos obligados a elevarnos, subiendo montañas, escalando sueños, arañando la piedra, siempre para adelante. Siempre para arriba. Como alguien alguna vez me dijo:”la vida es como un rio, por momentos abundante de agua y otros, sequia.”

Cuando descubrí que solo quería crecer y no sentar cabeza, me di cuenta que necesitaba ciertas herramientas, por empezar, cambiar mi dialogo interno. Esa herramienta hermosa y poderosa que es la palabra. La palabra te acompaña en el despertar. Cambiar .
Así fue como descubrí que no había una sola formula, sino que el camino estaba repleto de hojas de otoño, escritas con la sangre de Dios, en las que nos traducía la belleza del aprendizaje. Y ese aprendizaje me llevo a conocer las terapias del amor. La contención de una familia singular y única. El respeto y la comprensión de los amigos.

Dalit me introdujo en el tacto del amor. Sus manos son la continuación de mis pies descalzos. Mis pies son el principio de sus dedos. Ella logra que toque el cielo con los pies y por un momento y para toda la vida, la caricia continua y húmeda que me regala el tiempo a través de la música infinita. Por una hora, nos conectamos para reciclar la energía, mandar al cielo lo denso para transformarlo en etéreo. De eso se encarga el universo. Que no es más que el único verso.
Volvemos a la palabra, y sin embargo esta técnica, no necesita específicamente de ella. Solo el tacto te llena el momento. Y ese momento se multiplica por muchos más. Y ojala todos conociéramos el amor en todas sus formas. Las formulas del amor son las más sencillas y fáciles de abordar.
La intención del amor, genera más amor y el invento de nuevas tendencias que solo provienen de esa misma fuente. Cuando estamos colmados de amor, es porque sabemos más de la vida, aprendimos el mensaje y sembramos y cultivamos y lo único que queda es el todo que no es bueno ni malo, es solo el todo que es también la nada.
Como dice el Kibalión, “como es arriba, es abajo.”
O sea que todas nuestras herramientas existen desde antes de que el hombre las haya descubierto y materializado en la tierra.
Palabras que me dijo Dalit:”Dios hizo al hombre y creo al mundo porque necesitaba dar.”
Ese majestuoso ser puro e infinito que nos regaló al mundo, merece más agradecimientos de lo que vale la pena vivir.
Yo creo que ese Dios Universo, padre, madre e hijo, hicieron al mundo para marcar un camino de regreso al hogar. A la fuente de todo y de todos.